El periodismo nuestro ha cambiado para bien, quizás no lo suficiente, es posible que falte valentía de un lado, puede que exista autocensura y también, estoy seguro, que falta valentía y flexibilidad por el otro. Nada tiene una sola cara. Hay que asumir críticas y culpas o al menos apoyarse en ellas para arreglar o intentar solucionar lo roto que es mucho.
A veces, muchas veces, la prensa sirve en bandeja de plata un problema con causas y consecuencias y si el tema es espinoso provoca revuelos, puede que análisis y hasta expulsiones. Lo he vivido en sangre propia.
Recuerdo en mis años de inicios en la profesión que muchas informaciones se basaban en números, atiborradas en porcientos, sobrecumplimientos, producciones y más porcientos, elementos que la mayoría de los destinatarios no entendían, pero era el esquema, hasta una moda, no sé si dictado o no. Al final tanta supuesta economía no nos enseñó nada o no sirvió pues caímos donde estamos.
Las críticas entonces eran muy contadas, casi inexistentes, no gustaban, casi eran no toleradas. Pero hacían falta, quizás si se hubiesen realizado más asiduamente muchas cosas de las que hoy lamentamos no hubiesen pasado. Es una hipótesis que ya nadie puede afirmar o negar.
Pero cuando usted no es criticado se cree dueño de la verdad absoluta, de la razón y de que está haciendo las cosas bien. Es vital la oposición y el señalamiento oportuno, no hacerlo por hacerlo, sino basado en argumentos lógicos y si fuera posible con propuestas de soluciones. Es una vía para generar desarrollo.
Pero criticar minimizando el margen de error no es fácil. Aunque uno diga lo que cree no significa que sea así. Puede usted estar convencido pero siempre o casi siempre habrá otros que no, cada uno con sus argumentos y puntos de vistas.
Hay un escritor y politólogo ruso, Vitali Ivánovich Vorotnikov, escribió un libro titulado “Mi Verdad”. Muy bueno y profundo, basado en sus apuntes en forma de diario personal sobre el derrumbe de la URSS. Él era miembro del politburó.
Pero mi verdad puede que no sea la tuya o la tuya no es la mía y así en ese ruedo de quien surgió primero se desvían los debates a los matices políticos, económicos, sociales, religiosos y a cuanta senda pueda existir y desgraciadamente, a veces, la vista y la atención se apartan del problema, intencionalmente o no. Los extremos a veces dejan la situación intacta para dañar a quien se atrevió a levantar el dedo y señalar lo que otros no vieron o no quisieron señalar.
Las frases, las obras, todo casi siempre es empleado a conveniencia. Recuerdo que Obama propuso borrar la historia cuando el acercamiento a Cuba. Imposible. No era correcto. Pero otras veces, en otros escenarios, la historia no vale. Una mala borra miles de buenas acciones. Entonces quien tiene la razón?
Una verdad lo es hasta tanto no se demuestre lo contrario, pero el periodismo debe seguir haciendo historia, rebuscando en ella y recordando lo pasado para no cometer errores que ya fueron realidades y proponer soluciones. No es un invento, el nuestro se basa en lo que dice y quiere la gente. Como dijera un antiguo slogan empleado aquí, en Radio Banes, el pueblo no se equivoca, siempre tiene la razón.
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