Por Orestes Díaz
Guerrero.
Hablar es rico,
hay quien lo hace hasta la saciedad y se siente complacido pero comunicarse es
mejor porque es una necesidad imperiosa, casi a gritos, más aún cuando el
silencio brutal asfixia. En Banes existen círculos de interés que trabajan para
llevar el intercambio con personas que padecen de limitaciones en el habla y la
audición.