¡Se juntaron los puntos! Uno a uno, fueron
llegando al lugar escogido. Punto de
reunión, sería el anfitrión. Aunque llegaron al mismo tiempo, el instinto llevó
a los puntos cardinales a sentarse en
las puntas de una cruz imaginaria. Punto de ebullición y punto de congelación,
con disimulo evitaron encontrarse. De pronto, el ambiente se tornó húmedo
cuando arribó punto de rocío, y por si
fuera poco, un escalofrío invadió a todos cuando vieron entrar la palidez de
punto muerto.